Ya a finales del siglo XVI, Galileo había adoptado la segunda teoría, la
cual decía que es la Tierra la que gira en torno al Sol. En 1610 descubrió
cuerpos celestes que nunca antes se habían visto, lo que le convenció de haber
encontrado la confirmación de esta teoría. Sin embargo, estos avances le
causaron problemas, en especial con la iglesia católica. Estos defendían la
teoría geocéntrica, en parte debido a varios pasajes de las escrituras
cristianas que sugerían que la Tierra está quieta y es el sol el que se mueve
alrededor de ella.
En esa época la iglesia toleraba los nuevos descubrimientos científicos,
sin oponerse e incluso estando dispuesta a reinterpretar las escrituras en
función de estos. Sin embargo, las observaciones de Galileo llegaron en un
momento en el que la iglesia era menos tolerante de lo que había sido en otro tiempo.
Por lo que, en 1616, el astrónomo se convirtió en objeto de investigación. A
pesar de que 5 años antes se había reunido con altos cargos de la iglesia en
Roma para mostrarles, con el telescopio sus descubrimientos.

Esta historia de la lucha de Galileo contra la Iglesia nos lleva a
pensar en lo mucho que le cuesta al ser humano aceptar lo que es nuevo y
diferente a lo que ya conocemos. En muchos casos preferimos vivir en la
ignorancia antes que afrontar la realidad y cambiar aquello en lo que creemos
aunque esto pueda llevar a expandir nuestro conocimiento. Como se dice: “El
hombre destruye lo que no entiende”.